Primavera
He pasado los inviernos más fríos de la historia, los veranos más largos y aburridos, los otoños más descoloridos, sin nadie.
Pero algo pasa en primavera. El amor no solo vuelve a florecer, sino que se vuelve fuerte, como una flor mostrando todos sus colores al mundo.
El corazón vuelve a latir, vuelve el sentimiento que se tiene al rozar tu pelo después de besarte.
Vuelve la primera y vuelves tú, pues la llevas bien dentro de ti, en el corazón. Y por muchos inviernos que pasen, siempre volverás a pintarme la vida otra vez. Con felicidad. Y con amor.
Ruiz Aguilar, Julio César. Bajo la oscuridad de la noche. Madrid: Editorial Ringo Rango, 2019.

Cuando comencé a escribir mi segundo poemario, Bajo la oscuridad de la noche, tenía apenas quince años y todavía me faltaba poco menos de un mes para publicar mi primera obra, Historias de un filósofo enamorado. Es decir, mi experiencia en el sector editorial era nula; y mi calidad literaria obedecía a los estándares de un adolescente que recién comenzaba y que plasmaba sus sentimientos y emociones como podía.
Actualmente la poesía vive dentro de mí. Pero en aquellos momentos tan solo comenzaba a brotar. Las lecturas a las que acudía durante mi adolescencia temprana se fundamentaban en prosa poética, contemporánea, que destacaba en ventas por su fácil lectura e interpretación; hoy en día aún la defiendo como manera de introducción. Y como se es lector antes que escritor, aquellos libros me valieron como inspiración para intentar poner mi nombre sobre el papel, destacando, en este caso, mi precocidad en voluntad y sentimiento.
El primero de mis poemarios se convirtió en libro por casualidad. Quiero decir que no era en principio la intención: para mí redactar aquellos textos aludían más a una forma de desahogo que de creación literaria. No obstante, Bajo la oscuridad de la noche se creó con más cuidado y con la clara intención de ser una publicación. La novedad del primero me sirvió de inspiración, las ganas fluctuaban solas y gracias a un arduo trabajo, en colaboración con mi editora, conseguí publicarlo un año más tarde, en octubre de 2019.
El libro está dividido en diez capítulos que simulan el transcurso de una noche. Algo que no es casualidad: los símbolos nocturnos, como la luna o las estrellas, se hallan presentes a lo largo de toda la obra. Y los textos fueron escritos en su mayoría también a altas horas nocturnas, momentos en los que todavía en la actualidad me siento más cómodo para escribir. Igualmente, el nombre de la obra viene a raíz de cómo comencé a escribirlo: bajo la oscuridad de una noche de septiembre de 2018, a bordo de un barco en medio del Mar Mediterráneo.
El olvido, los recuerdos, el amor, la soledad… Todos estos temas se encuentran en una prosa que no obedece a ninguna regla establecida; donde mi libertad como escritor podría molestar a los poetas más adeptos. La prosa poética me sirvió como fiel acompañante, debido principalmente a su facilidad en la redacción, pero también en la lectura: mis creaciones estaban enfocadas, a priori, a un público joven y adolescente. Más tarde acabó abrumándome que las reseñas más destacables vinieran por parte de un público ciertamente adulto en el que no había pensado. Comenzaba a deslumbrar, aún así, algún verso e intento de rima que seguiría desarrollando de manera externa a esta obra hasta el día de hoy; siendo la técnica que utilizo con predominio actualmente.
Rememorar mis palabras me hace cierta ilusión. El amor es el sentimiento más bonito que un humano puede experimentar, con todo lo que ello conlleva, claro. Y es durante la tierna infancia, y sobre todo durante la adolescencia, que la persona comienza a desarrollar cierto conocimiento en el plano sentimental. La intensidad del momento me sirvió para poder crear; con la intención principal de que mis contemporáneos se sintieran atraídos e identificados con mis escrituras. Porque el amor, con sus matices, no entiende de edad. Simplemente convive con nosotros.