Marejada


Cinthia Navarro


Simbolismo, el mar, malditismo, malestar general, espacios oníricos, las cervezas que mitigan la ansiedad, los espacios mágicos… Toda esta marejada es la que me conforma:

Las sombras artificiales
su ausencia de colores,
sus asimetrías faciales
su fluido derroche,
me destierran
me anochecen
me entumecen
me desgarran.
Ni en este planeta
ni en lo que está por venir
hubo una tarde incompleta
tan naranja como esta.

(Mar en reposo I)

Un día de 2015 me desperté con la angustia propia de haber tenido una pesadilla horrible. Una niña dormía sobre mi pecho con una cerilla encendida. Cuando abrí los ojos, estaba en esa misma cama, solo que sin niña y sin fuego. Al mirar el reloj eran las 3:00 a. m. Hacía dos semanas que había tenido mi primer ataque de ansiedad y dormía con una libreta en la mesilla de noche por si los sueños me asaltaban:

Mi alma se desvela en gritos cárnicos
y castra las luces de mis venas.
Mi sangre, espesa, revuelta, violenta.
Mis tendones, hilos de roca, estáticos.
Mi pelo, algas que lastran.
Mis manos, mis dedos
paralizados de miedo.
Mis pies, anclados al suelo.
Mis ojos salen volando
y observan el dantesco descenso.

(Borrasca II)

Llevé un diario de sueños que, al analizar en profundidad para conocerme, desencadenó una corriente de imágenes que sentía que definía a la perfección esos momentos de angustia, de entumecimiento de las extremidades, de la respiración agitada, de la desorientación. Pizarnik ya lo dijo en su Árbol de Diana (1962): “alguien en mí dormido / me come y me bebe”.

Escribirlas me ayudaba a poner nombre a esos sentimientos vampirizadores, reconocerlos cuando volvían a asomar a los pies de mi cama y así poder enfrentarme a ellos.

Cuando me distancié de ellos, se volvió una tarea sencilla ordenarlos. Cada uno representaba un estado del mar, al igual que aquellos a los que dio vida Néstor Martín-Fernández de la Torre. Finalmente, como dijo su prima Josefina en Versos y estampas (1927): “Eran tantos, tan pequeños, / que casi no me molestaban. / Los guardaba con amor / en el fondo de mi alma”.

La poesía se convirtió en esa forma de re-conocimiento que me ayudó (y ayuda) durante tantos años en tantos países diferentes, en diferentes mares y océanos. 

Yo, mientras tanto,
escribo poemas a mis trofeos de caza
me tiro en plancha en la primera cuneta
voy navegando hasta Grecia
hago una reverencia a los perros vagabundos
me salto la adolescencia
me vuelvo verde menta
y paseo a las nueve
los martes
esperando ver la Luna llena. 

 (Fragmento de Pleamar, publicado en Letras & Poesía)

 

Cinthia Navarro

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