Fotografía de Álex Rosa

Rafael-José

Díaz

Nombre y Apellidos: Rafael-José Díaz                                     
Nacimiento: Santa Cruz de Tenerife, 1971  
Categoría: Poesía, narrativa, ensayo y traducción
Formación: Licenciado en Filología Hispánica y Funcionario de carrera en el cuerpo de profesorado de Enseñanza Secundaria        

 

Colaboradora: Casandra González
Fecha de la publicación: 06/12/2021

Hoy tenemos una cita con Rafael-José Díaz (Santa Cruz de Tenerife, 1971). Es poeta, ensayista y traductor. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad de La Laguna. Fue director de la revista Paradiso (1993-1994). Entre 1995 y 2000 fue lector de español en las universidades de Jena y Leipzig (Alemania). Reunió sus seis primeros libros de poemas en un volumen titulado La crepitación (2012). Posteriormente publicó Un sudario (2015) y Bajo los párpados de quien se aleja (2021). Es autor de cuatro entregas de su diario; los libros de ensayos Rutas y rituales y Al borde del abismo y más allá: Gustave Roud, Anne Perrier y Philippe Jaccottet, los libros de relatos Algunas de mis tumbas, El letargo y De un modo enigmático; la novela El interior del párpado; y libros de prosa como Las transmisiones. Veinticuatro lugares y una carta. Igualmente, ha dado a conocer numerosas traducciones de escritores de lengua francesa, alemana e italiana. 

Tras esta breve presentación, y para comenzar con la ronda de preguntas, damos una calurosa bienvenida a nuestra pequeña tertulia a Rafael-José Díaz. Comenzamos con la primera: ¿Cómo fueron tus inicios como escritor? ¿En qué momento marcó la escritura literaria tu devenir profesional y personal?

Es siempre difícil hablar de los orígenes. Supongo que hay toda una época preverbal que nos condiciona. Esos primeros recuerdos sensoriales, esas primitivas bodas con la materia no nombrada todavía… quizá ahí se encuentran los verdaderos inicios de un escritor. En cualquier caso, cada vez me voy alejando más de algunos momentos del pasado. Hace tiempo recordaba que había empezado a escribir –al menos mentalmente– mirando hacia una montaña, cuando era niño, en las pausas de los entrenamientos en un club de tenis. Pero también me viene a la memoria un cuarto, el mío cuando era adolescente, donde guardaba en una gaveta papeles emborronados. Si tuviera que recordar un momento singular, determinante, en mi vida de escritor, sería la publicación de mi primer libro, El canto en el umbral. Hice un viaje exprofeso a Madrid para recoger los primeros ejemplares. Es curioso, pues algo similar ha ocurrido con mi último libro, De un modo enigmático: no fue en esta ocasión un viaje exprofeso, sino la coincidencia de un acto en Madrid que me permitió reunirme con la editora para recoger los primeros ejemplares y traerlos a la isla en mi equipaje. El umbral promete siempre un viaje y en este habita siempre el enigma de la partida y del regreso. 

En cuanto a tu proceso creativo, ¿cómo te enfrentas al papel en blanco? ¿Qué pasos sigues para darle forma a tu obra textual?

Papel o pantalla en blanco, cabría decir hoy. Sigo escribiendo a mano la poesía, pero escribo en ordenador los relatos. Hay en este sentido unos protocolos bastante diferenciados. La escritura es una especie de absorción. Se escribe porque se está vacío y las palabras vienen a intentar apalabrar esa oquedad. O se escribe porque se está demasiado cargado de vivencias y las palabras vienen a aliviar ese exceso. En cualquier caso, el proceso es siempre osmótico. Algo se traslada de un lugar a otro. Las palabras nos ocupan mientras nos ocupamos de las palabras. El cuerpo se desocupa de palabras mientras nos ocupamos del cuerpo que las desocupa. Lo que llega al papel –o a la pantalla– es siempre una incisión, muy frágil, que podría borrarse o no existir, pero que por existir de ese modo efímero y volátil es tanto más misterioso. Como la tela de una araña agitada por el viento: casi no se ve, pero contiene muchos mundos, una larga paciencia, un arsenal de caminos entretejidos.

¿Crees que la insularidad ha marcado tu hacer literario? 

Habría que preguntarse qué es exactamente la insularidad. Y cuál de tantas definiciones de isla tomamos como referencia. Una isla puede ser una ficción que flota en el océano de la mente, pero también un sendero que serpentea al borde de un acantilado y nos señala los límites precisos de nuestra condición. La isla vive dentro de nosotros y es al mismo tiempo el espacio donde vivimos. ¿Qué somos, entonces, en relación con ella? Somos quizá ese intersticio donde la isla se piensa, donde la isla desea conocerse, donde se revela como un lugar deshabitado o inhabitable, vivido con intensidad o rematadamente odioso, como un lugar de ensueño al margen de los infortunios de nuestro mundo o como un territorio que se crea destruyéndose a sí mismo, como en estos momentos, desgraciadamente, está ocurriendo en La Palma. Si la isla nos marca, es porque, antes de soñar con ella, cada paso que dimos en ella nos asomó a un abismo: el de la posibilidad de soñarla, el de la introspección en su entraña.  

¿Qué opinas sobre la literatura que se gesta en Canarias?  

Si obviamos la paraliteratura, que es para la literatura como las parafarmacias para las farmacias, en Canarias se escribe poca literatura. Dentro de esa poca, una poca se alimenta de otra poca escrita tiempo antes y podríamos decir, entonces, que se trata de una literatura-rémora: se supedita al movimiento generado por determinados autores o géneros y se desplaza con ellos sin cargo de conciencia alguno en un viaje vicario por la nada de su irrelevancia. Allá cada cual: ars longa vita brevis. Hay otra poca que yo llamaría literatura-petardo: explota en un día de fiesta y crea una llamarada que parece duradera, pero enseguida se extingue su recuerdo. Deja, todo lo más, un olor a chamusquina que algunos confunden con la innovación, el riesgo, la aventura. Repárese en que la literatura-petardo no es exactamente literatura petarda. Esta última es en realidad una subespecie de la paraliteratura o, en todo caso, de la posliteratura (la posliteratura engloba todo lo que se ha “escrito” después de la paraliteratura). La literatura petarda se subdivide a su vez en literatura lacrimógena, literatura patógena y literatura alucinógena. Mucho cuidado con esta última. Finalmente, claro que sí, existe una poca literatura-salvavidas, que es esa poca que podría leerse en medio de un naufragio y nos insuflaría al menos la esperanza de seguir a flote. Aquí destacaría a unos pocos escritores de relevante pero no siempre visible trayectoria y a un puñado de jóvenes talentosos que nada tienen que ver con la endogamia rampante tan propia de nuestro solar atlántico. Hay quienes han empezado escribiendo literatura-salvavidas, han seguido haciendo literatura-rémora y han acabado en la literatura-petardo. Y al revés también, pero menos frecuente. (Claro, claro que no hay que tomarse en serio esta respuesta, colegas escritores, pero un poquito de humor no viene a veces mal: pongan a bailar esas cinturas, chachachá, que si no se les anquilosan).

A raíz de tu experiencia, ¿qué ventajas y desventajas observas a la hora de publicar en Canarias?

Para que publicar en Canarias pudiera constituir algún tipo de ventaja, las editoriales canarias tendrían que esmerarse –y la mayoría no parece tener la más mínima intención de hacerlo– en cuidar al máximo la edición, es decir, las condiciones materiales de los libros que publican: el diseño de cubierta, contracubierta e interior, la tipografía, el tipo de papel, el gramaje, el cosido, el acabado, etc. En segundo lugar, haría falta que las editoriales canarias se dieran cuenta de que no todo lo que se escribe es literatura, y que no todo lo que se escribe tiene que ser publicado. Estamos asistiendo a un momento pavoroso en el que cualquier cosa es novela, cualquier efusión –o infusión– lírica es poesía y cualquier ocurrencia es un microrrelato. No, señores. ¡Mecachis! Lo que, a mi humilde parecer, deberían hacer las editoriales canarias, si tuvieran algún interés en que publicar en Canarias les otorgara prestigio y redundara en beneficios que no fueran exclusivamente materiales –beneficios tanto para sí mismas como para los autores a los que publican– es esto: primero, dejar de publicar cualquier ocurrencia que caiga en sus manos; y, segundo, profesionalizar de una vez por todas su propia actividad, creando comités de lectura, equipos de dirección, oficinas de diseño, negociados de corrección y gabinetes de prensa. Cuando hablo de editoriales canarias incluyo también a las ediciones del Gobierno de Canarias, aunque alguna de las últimas convocatorias –especialmente la de selección  de un nuevo diseño para sus libros, aunque todo dependerá de lo que se resuelva– parece ir, ¡por fin!, en el camino correcto. Este camino, por cierto, lleva marcándolo ya desde hace tiempo el Cabildo de Gran Canaria: publica bien, bastante, y con criterio y calidad.

Rafael-José Díaz

Fotografía de Carlos A. Schwartz

¿Qué opinas sobre el frenético ritmo de vida actual y el papel tan importante que juegan las redes sociales en la comunicación? ¿Y en relación con la literatura?

La poesía es pausa, no prisa. En un mundo en el que parecen haber desaparecido los ritmos propicios al silencio, los espacios para la contemplación, los abrevaderos del pensamiento, ¿qué poesía va a poder regalarnos su magia y su quietud? El futurismo quiso en su momento acompasar la poesía al frenesí de las máquinas y los vehículos motorizados. En nuestro tiempo, los poetas pretenden escribir poesía como si tuitearan. El futurismo acabó siendo devorado por el fascismo. Ojalá que los poetas postadolescentes que cantan en los bares, acompañados de una guitarra, sus tuits demoledoramente insípidos no acaben siendo fagocitados por el neoliberalismo rampante que extiende sus garras en nuestro país con ese tufillo a pasado preconstitucional… Dicho esto, claro que las redes juegan un papel destacado en la promoción de la literatura, pero para promocionar literatura antes tiene que haber literatura…   

Si tuvieras la oportunidad, ¿con qué autor/a te gustaría colaborar hoy por hoy? ¿Por qué?

Bastante me cuesta ya colaborar conmigo mismo, imagínate si me planteara colaborar con alguien más. Por fantasear, me encantaría viajar en el tiempo para estar sentado a los pies de Homero mirando hacia sus ojos ciegos mientras recita unos versos de La Odisea. Tampoco me desagradaría estar un rato junto a Emily Dickinson en su habitación de Amherst.  

Estamos creando una colección artística para nuestros lectores. ¿Qué obra artística canaria no puede faltar en la colección de Tertulia y Arte? ¿Por qué?

Imagino que se refieren a reproducciones de obras de arte… pues las obras originales son muy caras y solo pueden comprarlas los museos públicos saneados o los pocos potentados que en Canarias no coleccionan yates, bugattis o rólex. Por limitarnos a épocas no demasiado remotas, yo elegiría, por ejemplo, un bodegón de Carlos Chevilly, alguna fotografía de Carmela García, una pintura de José Luis Medina Mesa, un dibujo de Elena Galarza, alguna pieza escultórica de José Herrera o cualquiera de las instalaciones que conformaron la exposición Treno, del artista Jesús Hernández Verano. Con esto tendríamos para iniciar una pequeña pinacoteca virtual. Obras potentes, arriesgadas, sin concesiones.

La carrera literaria, como cualquier carrera profesional, requiere ciertos apoyos para poder alzar el vuelo. Nos gustaría saber quiénes te han apoyado o cuáles han sido tus apoyos a lo largo de tu trayectoria literaria.

Hay que tener cuidado porque a veces alguien podría parecer estar apoyándote cuando en realidad se está apoyando en ti para levantar cogote. Fíjense que un empujoncito puede fácilmente convertirse en un patadón y hasta más ver. De quienes menos conviene fiarse es de los aduladores profesionales: te presento tu libro para que tú me presentes el mío. O te publico en mi revista para que tú me publiques en la tuya. O te elogio un libro para que me incluyas en tu ciclo literario. O también te invito a mi ciclo literario para que no invites a mengano a tu ciclo literario. Tanto monta. Dicho esto, y como no todo el monte es orégano, afirmo que todos mis editores, pero especialmente Manuel Borrás (Pre-Textos) y Christel Penella de Silva (Franz), han sido dadores de las máximas alegrías. También unos cuantos amigos que siempre han estado ahí (ellos saben quiénes son) para las duras y para las maduras. Han leído, que ya es mucho, pero a veces incluso han reseñado alguno de mis libros, o han mandado una carta con una lectura sincera, o han dicho unas palabras de aliento. Todo eso ha sido fundamental para no sentirse tan solo en este oficio de oficina solitaria.

De los proyectos que has realizado o en los que has participado, ¿cuál merece una mención especial? ¿Por qué? ¿Tienes algún proyecto en camino?

Yo destacaría, por ser el último, el libro De un modo enigmático. Creo que es el libro mejor editado que he publicado. La editorial Franz ha hecho aquí un trabajo tan fino y a la vez tan poderoso que uno tiene el libro en las manos y no se lo cree. Es como una edición de museo. El libro se compone de veinticuatro textos escritos entre 2016 y 2019 y divididos en cinco secciones. Cada sección lleva un dibujo de Jesús Hernández Verano hecho específicamente para esta edición. Se trata, en efecto, de un libro en el que la escritura, liberada de las ataduras de los géneros (pues muchos de los textos no son estrictamente relatos pero tampoco del todo poemas en prosa: son escritura porosa y dislocada), traza un secreto diálogo con la imagen, con las imágenes que se van intercalando como emblemas de lo indecible. De un modo enigmático se escribió de un modo enigmático: lo que se respira en este libro es o quisiera ser un aire extraño, extrañamente agitado. En cuanto a proyectos futuros, hay varios en camino, pero no desvelo nada para evitar darles ideas a los artistas de la apropiación literaria. 

Finalmente, y para despedirnos, solo nos queda darte las gracias por dedicarnos este ratito. Ha sido un placer descubrir un poco más de ti y de tu hacer literario. Te deseamos mucha suerte en tus futuros proyectos. Hasta la próxima tertulia.

Soy yo quien tiene que agradecerles a ustedes la oportunidad que me han brindado de explicar un poco mi trabajo. El placer ha sido mío. Los felicito por la iniciativa. “Tertulia” es una palabra hermosa, que invita a pensar que la posibilidad de la conversación y el  intercambio de ideas sigue siendo viable. Hacen falta más tertulias y menos lecciones magistrales. He dicho. Gracias y hasta la próxima. 

Currículum

Publicaciones recientes

2021

  • Poesía

Bajo los párpados de quien se aleja. Valencia: Pre-Textos

2021

  • Narrativa

De un modo enigmático. Madrid: Ediciones Franz

2018

  • Diarios

Dos o tres labios (Ocho cuadernos de un diario, 1998-2006). Madrid: Editorial Verbum

2008

  • Otras publicaciones

Una ruta de junio [poemas], plaquette. Logroño: Ediciones del 4 de agosto

Premios

Premio de Poesía Pedro García Cabrera 2007 por su obra Detrás de tu nombre

Premio de Poesía Tomás Morales 2002 por su obra Los párpados cautivos

Si quieres saber más sobre este escritor, visita rafaeljosediaz.blogspot.com