Fragmento del poema titulado “Recorriendo con mis labios tu entelequia”:
En el oscuro que todo lo invade, cuando las velas deciden apagarse, sientes como la piel se te eriza, el vello se te erecta, la mente se te ofusca, sintiendo como el miedo te viola y te penetra, dejándote sin aire, sin reflejos, sin nada ante la nada que te observa, como sombra deseosa de mostrarle su sexo a las paredes desnudas. Padeces los efectos de la visita que te aterra, la que nunca deseas se presente, sintiendo como atraviesa tu piel, como se acerca, tan sigilosa, en forma de alcahueta de triste figura que, poco a poco, se introduce en tu verbo, con un débil mensaje que queda a merced de la asfixia.
Santana Domínguez, Juan Francisco. Reflexiones con el Arco Iris. Arucas: Editorial Aguere, 2021.

Tomándome un café, esta mañana, muy temprano, cuando muchos aún dormían, pensé en la propuesta que Tertulia y Arte, para la sección “Letras para el café”, me hacía y me dije que ya era hora de compartir Reflexiones con el Arco Iris. Antes que nada decir que es en primerísimo lugar, además de un ejercicio estético-literario, un profundo recorrido cultural respetuoso con todo tipo de miradas y colores, un viaje a través del conocimiento, en el más amplio sentido de la palabra, que ha influido en mí, tanto como ser humano de a pie como educador y como escritor. Recordé, o al menos lo intenté, hacer un detenido recorrido por lecturas, temas musicales, cuadros y esculturas, pensamientos filosóficos, poemas, novelas, ensayos o cualquier tipo de creaciones que como humanos hemos sido capaces de compartir. La cultura es, además de lo que nos caracteriza como seres humanos en sociedad, lo que se comparte, tanto la que nos viene en los genes y la que aprendemos por enculturación como la que hemos elegido a lo largo de nuestra vida, con nuestras lecturas y formación, siendo su sumatorio el resultado que nos caracteriza y que nos hace ser únicos e irrepetibles, y si se quiere, por qué no, maravillosos.
Se podría decir que Reflexiones con el Arco Iris es una indagación poética con estructura de prosa, en múltiples temas, que profundiza e invita a los lectores a un ejercicio de búsqueda que complemente lo aportado por el autor. Yo diría que así, en cierto modo, escribo buscando la belleza con el lenguaje connotativo que debe caracterizar a la creación poética y que de cara a los lectores, en este caso, se encuentre en su lectura la musicalidad, el erotismo y el ritmo que, en general, caracterizan mi obra. Indagar en la mitología, en la construcción de neologismos, el desorden intencionado de la estructura de alguna frase, la búsqueda de vocablos poco utilizados y de palabras en desuso, arcaísmos que me marcaron y que estuvieron en boca de nuestros ancestros como manera de saber que existieron y que, aún hoy en día, pudieran formar parte de nuestra creación literaria.
Todo ello sin olvidar que escribir es, al menos para mí, entre otras cuestiones, como las ya citadas a nivel formal, un compromiso moral con el tiempo que me ha tocado vivir, dando voz a aquellos que no tienen la posibilidad de hacerlo, denunciando las situaciones de injusticia social y personal, como es visualizar a los que más lo necesitan, intentar ponerse en su sufrimiento y mostrando a través de mis letras el sufrir de otros y mi denuncia solidaria. Y así están los abusos ancestrales que siguen presentes en el anacrónico mal relacionado con el género o con los colectivos señalados y marginados por sus costumbres, credos o tendencias, no solo de los que les atacan abiertamente en su desatino e ignorancia, sino también criticando a todos los que, con soberana hipocresía, intentan ser mecenas de la misericordia sabiendo que solo son esbirros de la intolerancia.
No todo en mi obra es denuncia y tristeza, también están presentes la alegría, la felicidad y el desear el bien, amén de los valores fundamentales que deben caracterizar a la humanidad, como son la tolerancia, el respeto, la concordia, la solidaridad y un largo etcétera que puede ser englobado en el valor que representa la dignidad, a la que deben tener acceso todos y cada uno de los seres humanos, sin excepciones, salvo los que con sus hechos se excluyen, tales como los violentos y los intolerantes.