Un año de milagros

Francisco Armas Padrón

Vacíos 1

El camino

2019
Bronce.
47 x 85 x 15 cm.

Vacíos 1

Llévame

2014
Bronce.
36 x 26 x 20 cm.

Perdonen que no me levante 1

Donde estés, y como sea, llego a ti

2015
Bronce.
65 x 40 x 25 cm.

Perdonen que no me levante 1

El beso inevitable

2016
Bronce.
35 x 33 x 30 cm.

Perdonen que no me levante 2

Todos somos uno

2015
Bronce
45 x 36 x 27 cm.

El arte de levantarse 1

Renacimiento

2015
Bronce
163 x 28 x 28 cm.

El arte de levantarse 2

Despertar

2015
Bronce.
70 x 16 x 10 cm.

El arte de levantarse 3

Alquimia

2015
Bronce.
54 x 30 x 15 cm.

El arte de levantarse 4

La inocencia vence a la muerte

2016
Bronce.
60 x 31 x 21 cm.

El arte de levantarse 5

Serenidad

2020
Bronce.
66 x 21 x 18 cm.

Este conjunto de esculturas es producto del intento de dar forma física a una serie de inquietudes y reflexiones sobre cómo la manera condicionada de mirarme a mí y al mundo que me rodea crea una “realidad” que puede no ser real. Tal vez sea necesario cuestionar cada una de las creencias y conceptos que me han sido impuestos para despertar de esta especie de sueño. 

Estas piezas en bronce representan el proceso de ese hipotético despertar. Narran un proceso de transformación interna hacia algo nuevo y de un deshacimiento de lo viejo. Es la historia de un cambio. Por ello, son expuestas en un orden concreto y me sirvo de figuras muy reconocibles como símbolos o metáforas: el ÁGUILA representa la Verdad, la Sabiduría y la Realización espiritual según las tradiciones indígenas americanas; el BEBÉ y los NIÑOS simbolizan lo Nuevo, lo Puro y el Renacimiento. 

Así como en algunas de las obras se percibe una lucha por alcanzar un objetivo, en otras hay una actitud de dejarse llevar por una Guía interna.

El bronce es el material ideal para contar lo que quiero, ya que puedo conjugar e integrar la figuración y la abstracción sin que dejen de formar un todo. Me interesa el dinamismo, el desequilibrio y cierta inestabilidad. Una de las constantes en mi obra es el ansia de “elevación”, de ascender, de lograr, de trascender… Si bien es cierto que la realización de una escultura está sujeta a algunas leyes físicas ineludibles en cuanto a que es materia tridimensional y ello conlleva un equilibrio, un peso, una corporeidad, un apoyo y un coste económico mayor que muchas otras técnicas artísticas. En mi caso, esos condicionantes me sirven de estímulo. De hecho, son pocas las piezas que poseen un apoyo estable, que “descansen” sobre tierra firme. Casi todas las figuras que me inspiran retan la ley de la gravedad. Son ascendentes y el punto de apoyo que tienen en la “tierra”, la mayoría de las veces, es solo el último contacto antes de impulsarse hacia arriba. 

Por último, el humor es un componente importante en la mayoría de las obras, ya que desdramatiza sin restar importancia a lo que quieres contar. De hecho, muchas veces es más eficaz contar algo serio en tono distendido y de manera directa que con solemnidad y sin perder de vista conceptos que me interesa reflejar como Tensión, Movimiento, Dinamismo y Éxtasis. 

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